
La sunamita
Por Daniela Ramos.-
“La sunamita” es uno de los cuentos más conocidos de Inés Amelia Camelo Arredondo (Sinaloa, México 1928-1983). Este formó parte de su primer libro llamado “La señal” (publicado originalmente en el año 1967). El relato inicia cuando Luisa (una de las protagonistas) recibe un telegrama. Este decía que su tío Apolonio estaba al borde de la muerte. Ella decide acompañarlo en sus últimos días por ello decide volver a su pueblo.
Luisa se muestra como una persona cercana a la religión, su mayor virtud (la cual ella misma reconoce desde el inicio del cuento) es la pureza. Aunque su compasión cristiana se ve puesta a prueba, ya que su tío ha pedido como última voluntad casarse con ella. Probablemente esa castidad sea la misma que la arroja a los brazos del pecado. Al parecer ese pueblo era un real centro del deseo y ella no lo desconocía. “Las miradas de los hombres resbalaban por mi cuerpo sin marcharlo y mi altivo recato obligaba al saludo deferente. Estaba segura de dominar las pasiones, de purificarlo todo (“La sunamita” de Inés Arredondo).
En efecto el título del cuento refiere a la Biblia donde “la mujer sunamita” es aquella que cuenta con el don de la hospitalidad.
A pesar del comportamiento de Luisa (al llegar al pueblo ella desconocía el pedido de su tío) su entorno se vuelve condenatorio. Parece que la culpa recae en ella con total exclusividad. El abuso del sistema que monitorea al pueblo completamente termina ajusticiando a la joven.
Ella tenía sus sueños, pero ni su prima, sus otros tíos, el sacerdote, la criada y el resto de la familia la apoyaban. El médico sólo decía que Don Apolonio había mejorado gracias a su presencia, pero tenía los días contados. Esto sería verdad o un artilugio para casarla con su tío. ¿Él lo había planeado todo? ¿Deseaba que Luisa fuera la única heredera de su fortuna? o ¿aspiraba también a tener descendencia? ¿Era una carrera de largo aliento o un suspiro de amor verdadero? Al parecer el tío renace en cada nuevo amanecer. Quizás por ello repetía a modo de plegaria: “Bendito sea Dios, ya no moriré solo”.
Este camino nos lleva a la perdida de los sueños y la juventud de Luisa. Entró en la trampa perfecta: el matrimonio. Así el sexo tendría un marco legal, ese mismo que necesitaba el pueblo. Luego de la boda la inocencia desaparece, dejando paso a la violación. Ya no hay nada más que hacer.
Como en cada uno de los cuentos de Inés Arredondo lo sagrado y lo mundano, lo puro y lo impuro, las censuras heredadas y el deseo de libertad se dejan ver y leer. Sus personajes caminan siempre entre el límite y el territorio de la oscuridad, aunque al final aparece una chispa de moralidad.
Luisa acepta con resignación y al mismo tiempo se abren a sus pies las puertas del infierno.