4 April, 2025

Por Daniela Ramos.-

“El cerdito” es uno de los cuentos más cortos del escritor Juan Carlos Onetti (Montevideo, Uruguay 1909- Madrid, España 1994) aunque no por ello menos interesante. Este fue publicado originalmente en el año 1982 en México, en la revista de Bellas Artes. Como es característico de la literatura de Onetti el pesimismo y las imágenes que siempre encubren algo más profundo que finalmente salen a flote como en este relato, hacen la diferencia. Si fuese por el título tal vez nos imaginamos que se trata de un cuento dedicado especialmente a la niñez, nada más alejado de ello.

En esta historia existe una anciana íntegramente vestida de negro, la cual busca en cada chico que invita a su casa rasgos de su nieto. Los datos sobre ambos son escasos, como así también de los niños invitados. Sin embargo la pena, la angustia y el recuerdo se hermanan.

La hora de la siesta es el momento indicado para rendir homenaje y doblegar al hambre. Entran en acción los tazones de café con leche, los panqueques y el dulce de membrillo. Todo parece estar perfectamente atado a la rutina, pero un día cualquiera la anciana le da la espalda a los niños y ellos la atacan. Quizás este acto miserable sea el espejo del lugar donde habitan. Ellos sólo deseaban encontrar dinero en esa casa tan distinta a su entorno. Si hasta muebles tiene.

 Ella no deseaba experimentar una cercanía a los niños, lo que en verdad le importaba era llenar ese tremendo vacío dejado por su nieto.

Así Onetti nos dice:“Todos, los dos o tres, eran sucios, hambrientos y físicamente distintos. Pero la anciana siempre lograba reconocer en ellos algún rasgo de su nieto perdido…”

La anciana ¿era en verdad generosa o sólo la movía el recuerdo, la nostalgia y su propio egoísmo?

Nosotros, como lectores, en pocas líneas quedaremos impactados por el cruel y perverso acto ejercido por los niños. Uno de ellos de modo frío y calculador acelera el ataque diciendo al resto “Dale otro golpe. Por si las dudas…”

El grupo de pequeños delincuentes parece contar con la experiencia necesaria para manejarse con un alto grado de indolencia. Ellos son los verdaderos culpables del acto. Es verdad que hay una víctima, el móvil es el dinero fácil, la invasión violenta de esa bella casita, el movimiento nervioso de las manos de uno de los niños llamado Emilio y el sobrevuelo de la brutalidad que se avecina. Pese a todo el dinero será colocado en una alcancía con forma de cerdito. Así Onetti nos deja pensando ¿cuál será el propósito de esos niños delinquir solamente, robarle el dinero a una viejita (aparentemente amable y de espíritu desinteresado) para almacenarlo dentro de una alcancía? Allí se contraponen la inocencia y la pureza de la niñez y el abandono, la indiferencia y la hostilidad que les dicta el mundo. Esa malicia que se alimenta con la inherente oscuridad.

.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *